Querétaro, Qro.— A sus 97 años, Andrea Sánchez conserva en sus recuerdos una ciudad que ya no existe de la misma manera. Las calles, las tradiciones, los nombres de los antiguos lugares y las historias de su familia forman parte de una memoria que su hijo, el escritor Jesús Piña Sánchez, decidió convertir en libro.
Así nació Añoranza de un Querétaro Efímero, una obra presentada como un homenaje a las vivencias de su madre y a la transformación de Querétaro, desde aquel entorno de barrios, acequias, huertas y convivencia vecinal hasta la ciudad que hoy conocen sus habitantes.
Actualmente, Andrea Sánchez vive en el barrio del Tepetate, uno de los espacios que ocupa un lugar central en sus recuerdos y en la narración de su hijo.
Una historia que comenzó con las pláticas de su madre
Durante la presentación, Jesús Piña Sánchez explicó que el libro surgió a partir de las conversaciones con Andrea, quien nació en el barrio de La Cruz y pasó parte de su infancia en la zona conocida como la otra banda.
El autor señaló que tomó esas vivencias y les dio forma con su propio estilo, incorporando elementos de imaginación para construir una narración más cercana y familiar, pero conservando el espíritu de los relatos que escuchó de su madre.
Para Piña Sánchez, la infancia de Andrea representa una etapa de especial felicidad, marcada por la vida en familia, los juegos, las tradiciones y los espacios que entonces formaban parte del paisaje cotidiano de Querétaro.
Entre sus recuerdos aparece el traslado de su familia hacia la otra banda, donde su padre adquirió un terreno al final de la antigua calle de Invierno, que en aquella época representaba uno de los límites de la ciudad por el lado norte.
También recuerda un punto elevado al que llamaban “el espinazo”, una referencia que, según explicó el autor, no corresponde directamente a la actual calle del Espinazo, sino a una zona alta desde la que se podía observar parte del territorio queretano.
Las calles que cambiaron de nombre y los lugares que desaparecieron
Uno de los aspectos más importantes de Añoranza de un Querétaro Efímero es la recuperación de los antiguos nombres de calles y lugares que formaron parte de la vida de Andrea Sánchez.
El autor mencionó referencias como la calle de las Lágrimas del Mexicano, los Obrajes, el Garambullo, la Alta Subida y la calle del Cañamón, además de otros sitios que hoy pueden resultar desconocidos para las nuevas generaciones.
También habló de lugares como el antiguo charco, una zona que, de acuerdo con los recuerdos de su madre, recibía agua de las acequias y de presas que eran conocidas con distintos nombres.
Estos relatos permiten observar cómo el crecimiento urbano fue modificando el paisaje de Querétaro y cómo muchos espacios que antes eran parte de la vida diaria hoy sobreviven principalmente en la memoria de sus habitantes.
Tradiciones que reunían a todo el barrio
El libro también recupera las fiestas tradicionales de los barrios queretanos, en las que participaban danzantes, bandas de música y familias que ofrecían alimentos a los visitantes.
Piña Sánchez recordó que estas celebraciones podían prolongarse hasta la madrugada y que los vecinos colaboraban de manera voluntaria para hacerlas posibles.
No se trataba únicamente de acontecimientos religiosos o festivos, sino de momentos de convivencia que fortalecían los lazos entre las familias y daban identidad a cada barrio.
Entre los recuerdos más emotivos de Andrea se encuentra el de su tía Juana, quien la arrullaba en un columpio colocado por su padre. El autor relató que, al investigar la historia familiar, incluso encontró documentos que confirmaban la existencia de aquella mujer, cuya memoria permanece viva en las páginas del libro.
Un Querétaro de huertas, acequias y noches iluminadas por luciérnagas
A través de los relatos de Andrea Sánchez, la obra también describe un Querétaro en el que las calles convivían con corrales, árboles frutales y espacios naturales.
Se recuerdan huertas con granados, membrillos, tejocotes, limoneros, zapotes y chirimoyos, así como tardes de juego y noches en las que las luciérnagas formaban parte del paisaje.
La narración evoca también una época en la que la electricidad no estaba presente de la misma manera en la vida cotidiana y en la que, durante diciembre, algunas familias colocaban linternas con velas afuera de sus casas.
Son imágenes que, más allá de la nostalgia, permiten reconocer los cambios que ha experimentado la ciudad y la manera en que sus habitantes han construido nuevas formas de vivirla.
La otra banda, una parte fundamental de Querétaro
Durante su intervención, Jesús Piña Sánchez destacó que la historia de Querétaro no puede entenderse únicamente desde el centro de la ciudad.
Señaló que barrios como San Sebastián, San Roque, el Cerrito y el Tepetate también forman parte de la identidad queretana y que sus habitantes contribuyeron al desarrollo de la ciudad mediante sus oficios, su trabajo y sus tradiciones.
“Este libro no es solamente de mi madre, es de todos los que vivimos en este lado del río”, expresó el autor, al subrayar que la otra banda también tiene una historia que merece ser contada.
En ese contexto, Piña Sánchez mencionó la importancia de recuperar las referencias al antiguo cerro de las Canteras y a los caminos que, según los mapas antiguos, conectaban esa zona con otros puntos de la ciudad.
El autor planteó que estas referencias podrían ayudar a comprender mejor el origen de algunos materiales utilizados en la construcción del acueducto, aunque aclaró que se trata de una posibilidad que forma parte de sus investigaciones y reflexiones sobre el pasado queretano.
“Voces del Tepetate”, seis años recuperando historias
En la presentación también participó Miguel Moya Guerrero, quien compartió su experiencia como creador de la revista Voces del Tepetate.
Moya Guerrero relató que nació en el barrio y que, después de vivir varios años fuera de Querétaro, regresó a la ciudad y retomó el contacto con antiguos amigos.
Fue entonces cuando surgió la idea de crear una revista dedicada a recuperar las historias del Tepetate y de otros barrios queretanos.
Explicó que el proyecto se construyó alrededor de tres ejes: las historias del barrio, la cultura y la historia de Querétaro y de otros lugares.
A seis años de su creación, Voces del Tepetate se encuentra próxima a publicar su número 77, consolidándose como un espacio para preservar relatos de vecinos, anécdotas familiares, tradiciones y acontecimientos que forman parte de la identidad de la comunidad.
Moya Guerrero destacó que muchas de estas historias provienen de personas mayores, cuyos recuerdos corren el riesgo de perderse con el paso del tiempo.
“Cuando nosotros empezamos a hacer la revista, en realidad fue porque la gente mayor se nos está yendo y nuestra historia, nuestro pasado, se está perdiendo”, compartió.
También invitó a los habitantes del barrio a escribir sus propias historias y acercarlas a la revista, con el propósito de que puedan ser publicadas y conocidas por las nuevas generaciones.
La casa de la infancia, un lugar que conserva la memoria
Por su parte, Verónica Piña, hija de Andrea Sánchez y hermana del autor, compartió la nostalgia que le provoca regresar a los lugares donde creció su familia.
Relató que, al visitar la antigua casa de su madre, experimentó una profunda emoción al reconocer el espacio que forma parte de sus recuerdos de infancia.
La vivienda, explicó, había sido adquirida por su esposo después de permanecer abandonada durante un tiempo. Andrea Sánchez recordaba que, cuando era niña, había acudido a ese lugar para alimentar a las gallinas, mucho antes de que se convirtiera en el hogar de su familia.
Verónica también mencionó que su madre conserva historias relacionadas con la casa, entre ellas relatos sobre personas que supuestamente encontraron monedas y otros objetos antiguos al realizar excavaciones en la zona.
Para la familia, la publicación del libro representa la realización de una ilusión de Andrea Sánchez: dejar por escrito sus recuerdos y compartirlos con quienes también vivieron o conocieron aquel Querétaro.
Un legado para las nuevas generaciones
La presentación de Añoranza de un Querétaro Efímero se convirtió así en un encuentro entre generaciones, donde los recuerdos personales se transformaron en parte de la historia colectiva.
A través de las vivencias de Andrea Sánchez, el libro recupera escenas de la vida cotidiana, tradiciones, lugares y personajes que forman parte de la identidad queretana.
Jesús Piña Sánchez destacó que el propósito de la obra es evitar que esas historias se pierdan y que permanezcan como testimonio de un Querétaro que, aunque ha cambiado, continúa vivo en la memoria de sus habitantes.

Porque, como resume uno de los pensamientos incluidos en el libro, el tiempo transforma los lugares, pero los recuerdos pueden conservar aquello que alguna vez hizo sentir a una persona en casa.
