El uso constante de teléfonos inteligentes y otros equipos tecnológicos puede ocasionar afectaciones físicas que comienzan con molestias leves, pero que tienen la posibilidad de avanzar rápidamente cuando no se modifican los hábitos que las provocan, advirtió una especialista de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
La investigadora y docente del área de Fisioterapia de la Facultad de Enfermería (FEn), Mtra. Sheridan Dennis Eljure Flores, explicó que este problema es conocido como “contractura digital” y se encuentra relacionado con el uso excesivo de dispositivos tecnológicos.
Si bien la tecnología de los teléfonos inteligentes ha permitido mejorar la calidad de vida en aspectos personales, laborales y de entretenimiento, la académica advirtió que también existen riesgos físicos que deben ser atendidos desde sus primeras manifestaciones.
La “contractura digital” puede afectar a personas de todas las edades y se caracteriza por generar tensión en los tejidos blandos, malas posturas y compensaciones musculares que pueden incrementar las molestias y el dolor.
Uno de los riesgos es que los síntomas pueden ser silenciosos o leves al principio, por lo que no siempre reciben atención inmediata. Sin embargo, si no se adoptan medidas correctivas, las molestias pueden progresar.
La especialista explicó que entre las señales más comunes se encuentra la rigidez en el cuello y los hombros, además de las molestias en la región lumbar.
El dolor de la zona lumbar puede llegar a irradiarse hacia un glúteo o una pierna debido a la compresión del nervio ciático. A estas señales se suma el hormigueo o adormecimiento de las manos y los dedos.
Entre las lesiones que pueden presentarse están la cervicalgia y lumbalgia, el síndrome del túnel del carpo, el dedo en resorte, la tenosinovitis de De Quervain y las alteraciones de las curvaturas de la columna vertebral.
La Mtra. Eljure Flores señaló que no atender los primeros síntomas y continuar utilizando de manera inadecuada estos dispositivos puede ocasionar que las dolencias progresen hasta limitar las actividades cotidianas e incluso producir incapacidad.
Ante este escenario, recomendó no recurrir a la automedicación. Los tratamientos pueden cambiar dependiendo del tipo y la gravedad de cada lesión, por lo que es indispensable acudir con un profesional que realice una valoración integral y establezca el proceso de recuperación más adecuado.
En el caso de las niñas y los niños, la académica sugirió evitar el uso de estos aparatos o limitarlo a periodos cortos. Cuando los utilicen, debe existir supervisión de una persona adulta que observe su alineación corporal.
La prevención también debe extenderse a las personas adultas que, debido a sus ocupaciones, permanecen durante varias horas frente a dispositivos y pantallas.
Para ellas, la especialista recomendó incorporar una pausa activa cada 40 minutos para levantarse, estirar el cuerpo, caminar y realizar ejercicios breves.
Otra medida consiste en contar con un espacio apropiado de trabajo y adaptar tanto el escritorio como la silla a las necesidades de cada persona. El mobiliario debe disponer de soporte lumbar y reposabrazos, además de una altura que permita conservar las rodillas en un ángulo de 90 grados.
La pantalla, agregó, debe colocarse al nivel de los ojos para evitar flexionar excesivamente la cabeza. Al trabajar con un teclado, los brazos y las muñecas deben mantenerse en una posición recta.
En el uso de tabletas y celulares, la recomendación es prescindir de los pulgares. Estas medidas, junto con la atención profesional ante las primeras dolencias, pueden ayudar a evitar que los problemas relacionados con la “contractura digital” progresen y terminen afectando las actividades de la vida diaria.
